
Lo que me contó una pediatra en un barco de buceo
…y lo que aprendí sobre cómo cuidamos (o maltratamos) la ropa de nuestros hijos. Hace unas semanas, entre botellas de oxígeno y trajes de neopreno, conocí a una pediatra, Laura,
Un lugar para seguir la conversación. Aquí compartimos hallazgos, ideas y experiencias reales sobre el mundo de la infancia y la crianza. Noticias y relatos que suman, inspiran y nos recuerdan que no estamos solos en este camino.

…y lo que aprendí sobre cómo cuidamos (o maltratamos) la ropa de nuestros hijos. Hace unas semanas, entre botellas de oxígeno y trajes de neopreno, conocí a una pediatra, Laura,

¿Cuántas veces has tenido que cambiar todo el armario de tu peque porque, de un día para otro, la ropa le quedaba pequeña?

Hay historias que empiezan en un escaparate y acaban en un contenedor, y otras que se escriben con cartón y rotuladores.

En el último artículo te contaba cómo un juguete puede convertirse en un pequeño narrador de historias cuando pasa de unas manos a otras.

Hay juguetes que tienen alma. No lo digo en sentido figurado: hay muñecos, coches o sonajeros que han acompañado a más de un bebé en sus primeros pasos y guardan en sus plásticos y telas historias de amor, de descubrimiento y de ternura.

Cuando hablo de ropa infantil, siempre vuelvo a la misma idea: no hace falta tener un armario infinito; basta con prendas bien pensadas, con alma, y mil aventuras por vivir.

Hay algo que se repite en casi todas las casas con niños pequeños: un rincón lleno de juguetes olvidados. Piezas sueltas, cosas que ya no usan, que ya no les interesan, que “se les han quedado pequeñas” (aunque solo tengan tres meses más que el niño).